¡Buenos días!
Veo que hay más de un centenar de lecturas, pero ninguna pregunta, así que voy a contarles el motivo principal por el cual dejé la NAK.
Como les había contado en mi post anterior, trabajé para la NAK desde los 14 años, en la Capilla Cerrito, en Montevideo, capital de Uruguay (adjunto fotografías), una de las Capillas más importantes del país, con 75 años de historia. Desde niño, me habían enseñado que los Ministerios Sacerdotales eran otorgados al portador por sus dones y dedicación a la Obra de Dios, que no había que aspirar por ningún Ministerio, ya que no era bien visto ese tipo de ambición. Aún así, todos los que trabajábamos en el Cuerpo de Hermanos Oficiantes, deseábamos recibir algún Ministerio y nos preparábamos para ello.
Con el paso de los años, los Ministerios llegaban a muchos hermanos, menos a mí, pero no me importaba, porque estaba más dedicado al estudio de mi carrera profesional, que al esperar dicho Ministerio Sacerdotal.
Cuando llegó el momento de recibir el Ministerio, el Pastor Dirigente de ese entonces, Enrique Quirino, me lo ofreció con las siguientes condiciones:
1- Que me integrara a su círculo personal.
2- Que le obedeciera ciegamente en todo.
3- Que le confesara todas mis intimidades (incluyendo mi vida sexual con mi esposa), porque si él no conocía TODO de mí, entonces yo no podría estar dentro de su círculo íntimo de Siervos.
4- Que dejara una terapia psicológica que yo había iniciado el año anterior, ya que él podía cubrir el papel que en ese momento tenía mi Psicóloga.
¡Me negué rotundamente! Le dije que a mí me habían enseñado que los Ministerios se dan por dones, por dedicación a la Obra, que si ese era el precio a pagar por tener un Ministerio, que yo no lo quería.
Sobre mi terapia psicológica, le comenté que si yo tenía un resfriado, acudía a un Doctor, que si yo tenía un problema espiritual, acudía a mi Bendecidor, pero que él no era un Terapeuta cómo para suplantar a mi Psicóloga, por lo tanto, yo no iba a dejar mi terapia.
Sobre contarle mis intimidades, le dije que yo jamás accedería a hablar con él de mi vida íntima, mucho menos de lo que pasaba en la cama entre mi esposa y yo. Que si él estaba preocupado por algo que veía en la relación, que le rogara a Dios, ya que Dios todo lo ve y todo lo sabe. ¿Por qué le dije eso? Porque uno de sus argumentos era de que si él no sabía qué pasaba en mi vida íntima, ¿cómo iba él a poder ayudarme a resolverlo ante Dios?
Ante mi negativa, Enrique me puso como ejemplo a un integrante de mi familia muy cercano, que para ese entonces ya era Diácono, me comentó que él le ayudó incluso a solucionar problemas de cama con su esposa…¡qué patético!
Me seguí negando, le dije que si los Ministerios se venden, ¡que yo no quería comprar ninguno! Eso le molestó mucho, se levantó y luego de un par de amenazas se fue a la Sacristía de la Capilla.
Luego de ese “evento desafortunado”, dejé de trabajar para la Iglesia y, posteriormente dejé por completo la NAK, ya que para ese entonces yo traía diferencias muy marcadas con la Iglesia y, sobre todo, con el Cuerpo Pastoral de la misma.
¡Saludos!
Richard.
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Guten Morgen!
Ich sehe, dass es mehr als hundert Lesungen gibt, aber keine Fragen, also werde ich Ihnen den Hauptgrund nennen, warum ich die NAK verlassen habe.
Wie ich Ihnen in meinem letzten Beitrag erzählt habe, habe ich seit meinem 14. Lebensjahr für die NAK gearbeitet, und zwar in der Cerrito-Kapelle in Montevideo, der Hauptstadt Uruguays (ich füge Fotos bei), einer der wichtigsten Kapellen des Landes mit einer 75-jährigen Geschichte. Seit meiner Kindheit hatte man mich gelehrt, dass die priesterlichen Ämter dem Träger aufgrund seiner Gaben und seiner Hingabe an das Werk Gottes verliehen werden und dass man nicht nach irgendeinem Amt streben sollte, da diese Art von Ehrgeiz verpönt sei. Dennoch wollten wir alle, die wir im Offizierskorps der Brüdergemeine arbeiteten, ein Amt übernehmen und bereiteten uns darauf vor.
Im Laufe der Jahre kamen viele Brüder zu den Ämtern, nur ich nicht, aber das war mir egal, denn ich widmete mich mehr dem Studium meiner beruflichen Laufbahn als dem Warten auf das besagte Priesteramt.
Als die Zeit für mich gekommen war, das Amt zu übernehmen, bot mir der damalige Leiter, Enrique Quirino, das Amt unter den folgenden Bedingungen an:
1- Dass ich seinem persönlichen Kreis beitrete.
2- Dass ich ihm in allem blind gehorche.
3- Dass ich ihm alle meine Intimitäten beichte (einschließlich meines Sexuallebens mit meiner Frau), denn wenn er nicht ALLES über mich wüsste, könnte ich nicht in seinem inneren Kreis von Dienern sein.
4- Dass er eine psychologische Therapie, die ich im Jahr zuvor begonnen hatte, aufgeben würde, da er die Rolle meines damaligen Psychologen ausfüllen konnte.
Das habe ich rundweg abgelehnt! Ich sagte ihm, dass mir beigebracht worden war, dass Ämter durch Gaben, durch Hingabe an das Werk vergeben werden, und dass, wenn das der Preis für ein Amt sei, ich es nicht haben wolle.
Zu meiner psychologischen Therapie sagte ich ihm, dass ich bei einer Erkältung zum Arzt gehe, dass ich bei einem spirituellen Problem zu meinem Seelsorger gehe, dass er aber kein Therapeut sei, der meinen Psychologen ersetzen könne, und dass ich deshalb meine Therapie nicht aufgeben würde.
Was das Erzählen meiner Intimitäten angeht, so habe ich ihm gesagt, dass ich niemals bereit wäre, mit ihm über mein Intimleben zu sprechen, geschweige denn darüber, was zwischen meiner Frau und mir im Bett passiert ist. Wenn er über irgendetwas besorgt war, das er in der Beziehung sah, sagte ich ihm, er solle zu Gott beten, denn Gott sieht alles und weiß alles. Warum habe ich ihm das gesagt? Denn eines seiner Argumente war, dass er, wenn er nicht wüsste, was in meinem Intimleben vor sich geht, wie sollte er mir dann helfen können, es vor Gott zu lösen?
Angesichts meiner Weigerung nannte mir Enrique das Beispiel eines mir sehr nahestehenden Familienmitglieds, das zu diesem Zeitpunkt bereits Diakon war, und er erzählte mir, dass er ihm sogar geholfen hatte, die Probleme im Bett mit seiner Frau zu lösen… wie erbärmlich!
Ich habe mich geweigert und ihm gesagt, dass ich keine Ministerien kaufen möchte, wenn sie zum Verkauf stehen! Er stand auf und ging nach ein paar Drohungen in die Sakristei der Kapelle.
Nach diesem “unglücklichen Ereignis” hörte ich auf, für die Kirche zu arbeiten, und verließ später die NAK ganz, da ich zu diesem Zeitpunkt sehr große Differenzen mit der Kirche und vor allem mit dem pastoralen Gremium der Kirche hatte.
Grüße!
Richard.